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Un Motor de Miles de Almas: El Récord del Ingenio

02 Feb, 2026 Por: Picconi, María Lidia, Tissera, Ramón de las Mercedes, Censo Industrial de la Nación (1946) 74
Portada de Un Motor de Miles de Almas: El Récord del Ingenio

En 1946, el Ingenio Las Palmas no era solo una fábrica; era una potencia tecnológica autárquica. La capacidad de molienda había alcanzado su punto máximo, procesando 250.000 toneladas de caña de azúcar por temporada. Este volumen se traducía en una producción de 25.000 toneladas de azúcar refinada de altísima pureza, pero los números detrás de esa cifra son aún más sorprendentes. Para mover semejante cantidad de materia prima, la empresa operaba una red ferroviaria propia (sistema Decauville) de más de 140 kilómetros de vías que se internaban en el monte, con 15 locomotoras a vapor y cientos de vagones que funcionaban las 24 horas durante la zafra.

La infraestructura interna era una maravilla de la ingeniería de la época. El corazón del ingenio latía en sus trapiches de fundición francesa e inglesa, movidos por potentes máquinas a vapor que generaban una presión hidráulica inmensa para extraer hasta la última gota de sacarosa. El sistema se completaba con una batería de tachos de cocimiento al vacío y centrífugas de alta velocidad que separaban el cristal de la melaza. No se desperdiciaba nada: las calderas se alimentaban con el propio bagazo de la caña, generando el vapor necesario no solo para la molienda, sino para la usina eléctrica que daba luz a todo el pueblo.

El impacto social era proporcional a su tamaño. En su apogeo, el Ingenio empleaba directamente a 3.200 trabajadores registrados en planta y talleres. Sin embargo, la cifra real de almas que dependían del 'coloso' ascendía a más de 5.500 personas si incluimos a los hacheros de los frentes de corte, los estibadores del puerto y los trabajadores temporales de las colonias. Esta masa obrera contaba con beneficios inéditos para la época en el Chaco: un hospital propio con especialistas traídos de Buenos Aires, escuelas primarias, un club social y una proveeduría gigante que funcionaba con un sistema de vales y moneda interna. El Ingenio era, literalmente, un Estado dentro de otro Estado, capaz de fabricar desde su propia energía hasta el papel para sus oficinas, marcando un récord de integración vertical que hoy, a casi un siglo de distancia, sigue pareciendo una proeza imposible.

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